Existe un país en el sur de América donde todo puede pasar y pasa. Fernando Sorrentino (Buenos Aires, 1942) usa su argentinidad más literaria y su oficio narrativo, para plantear una serie de historias que suceden en un lugar que es real pero en casi todo los relatos parece no serlo.
Sorrentino plantea a la ciudad de Buenos Aires como laberinto de lo imposible, y a su cultura, como perfecto terreno para que la inverosimilitud, ridiculez o simple perplejidad de las situaciones se produzcan con la naturalidad que le impone esa telaraña de la realidad.
El sentido del humor dispuesto para entretejer escenas convierte a los momentos de opresión psicológica por la que desfilan los personajes, en estados sin tiempo, en el que cada pensamiento comienza a formar parte de un interminable sketch, un sinsentido que nace de una situación real como la del hombre que se queda encerrado en su casa por un problema de llaves y esa contrariedad casera lo llevará a la reclusión permanente, sin que nada pueda hacerse ya. Las invenciones de Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza (Ediciones Carena, 2005) son aparatos de la resignación, pero con ritmo de risa, de risa apagada como la de quien se ríe después de llorar, o el que se ríe de nervios o el de la risa del que no comprende. En las historias todo es como es y es también de otra manera. En el cuento que le da título al libro, la víctima del hombre que no deja de pegarle con un paraguas en la cabeza, nunca toma una decisión última, nunca frena con armas desesperadas su situación. Los personajes de Sorrentino son señores y señoras que reflexionan sobre sus insólitas vidas y sus reflexiones resultan no menos insólitas; las conclusiones que se desprenden de cada circunstancia no hacen más que sumirlos en un nuevo nivel subterráneo de la realidad a cada una de esas vidas, que continúan hacia abajo, o sólo hacia la pura existencia del que sobrevive conformándose en la caída.
"El censo Total y el Censo Permanente" juegan a la manera de Kafka con la idea de que la burocracia es no más que la forma más representativa de la realidad moderna. Sorrentino aplica esa constante kafkiana a todos los tics argentinos, y acierta en su modo de hacerlo. El uso de lo paródico encuentra un terreno fértil en la seguidilla de personajes que van imponiendo características "totales" o "permanentes" a un censo nacional que busca datos desde sistemas que van conformando una serie de aportaciones de la nada y confluyen en el fracaso 'total y permanente'.
La soledad es un elemento que aparece en muchos relatos y suplementa a esa perplejidad de la realidad con un toque de insatisfacción, de alienación, que pone en duda la risa fácil.
La literatura de Sorrentino en este libro se afirma con mucho acierto en el oficio de contar historias y en el modo de presentar estampas de una realidad sin solución, escenas de la vida real habladas "en argentino" brotadas de sospechosos telones de gracia o de una incómoda incertidumbre.
Fernando Sorrentino en:
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